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El futuro del Diseño
Joan Costa
Lección leída en la inauguración del curso académico 2008-2009 en el Istituto Europeo di Design, Barcelona 23 de octubre 2008.
Este encuentro de hoy, aquí, con motivo de la apertura del nuevo curso, y en el contexto de una crisis generalizada, me trae el recuerdo de dos grandes amigos ausentes: Abraham Moles, uno de los fundadores en Europa de la ciencia de las comunicaciones, y Vilém Flusser, conocido como el filósofo de la comunicación. Dos miradas desde las ciencias sociales, la matemática y la filosofía, que convergieron en el Diseño.
Abraham Moles abogaba por una sociología del diseño, y encontró el apoyo de Tomás Maldonado cuando éste era director de la Höchschule fur Gestaltung, de Ulm, continuadora de la Bauhaus. Moles impartió sus enseñanzas allí y fue de los primeros en concebir el diseño como comunicación, es decir, como un fenómeno social. Participó activamente en la “Enciclopedia del Diseño”, (10 volúmenes), que creé y dirigí para la editorial Ceac, de Barcelona, en los años 80-90, y de cuya obra, Gillo Dorfles, Walter Zanini y otros se hicieron eco.
En los últimos tiempos, escribimos tres libros con Abraham Moles sobre diseño y comunicación. Moles defendía el diseño como creación funcional. Afirmaba que el diseño no es arte. Pero lanzó una frase revolucionaria en defensa del cartel: “Cerrad los museos, el arte está en la calle”.
Vilém Flusser, nacido en Praga, fue profesor de Filosofía de la Comunicación en la Escuela de Estudios Humanísticos y de las Comunicaciones de Sâo Paulo. Escribió una Filosofía del diseño y observaba cómo “la palabra diseño ha conseguido mantener su posición estratégica en el discurso diario porque estamos comenzando (quizás con razón) a perder la fe en el arte y en la tecnología”.
Con Flusser fuimos parte del Jurado, en Milán, del Premio Internazionale ERICE per la Fotografia, y ambos dirigimos en Erice (Sicilia) en 1988, el Laboratorio Internazionale di fenomenologia delle imagine fotografiche. Entre el arte y el diseño, Flusser no dudaba cuando decía que el diseño -no el arte- es el futuro. Pero, ¿se refería al diseño tal como hoy lo pensamos y lo realizamos?
Aquí y ahora
Sobre estas cuestiones, que hoy son objeto de debate, yo pienso que la muerte del industrialismo no ha sido, sin embargo, la muerte del diseño industrial, sino que por el contrario, éste se extiende a los objetos, a la indumentaria, al grafismo y a todo el pensamiento proyectual, incluidos las estrategias, los servicios y los intangibles. Y esta persistencia del diseño industrial más allá del industrialismo es reveladora de la certera premonición de Flusser.
Pero el declive del arte entre las actuales industrias creativas, y el desencanto de la tecnología como encarnación del mito del progreso, reclaman si no una refundación, sí una nueva conciencia del diseño. De hecho, todos los indicadores hoy en declive están vinculados en gran medida a la economía, y comparten con este fenómeno global momentos críticos. Que nos llevarán a un cambio de era. “El mundo necesita ahora una contra-contrarreforma contra el absolutismo del libre mercado”. Son palabras de Paul Krugman, profesor de economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. Obsérvese que en estas breves palabras aparece por tres veces el término “contra”, lo que señala la importancia transformadora del cambio que se avecina. Otro notable economista, Thomas L. Friedman, ha escrito recientemente: “Hay que volver al estilo antiguo, con decisiones basadas en el buen juicio”, y en otra parte añade: “No saldremos de esta crisis sin volver a ciertos principios básicos”.
¿Hacia dónde va la sociedad, la economía, el diseño? Estas preguntas son consecuencia de las reflexiones de los expertos que apuntan a “contrarreformas”, a “volver al estilo antiguo”,a “volver a ciertos principios básicos”. Todo esto me trae a la mente el pensamiento árabe: “Cuando no sabes adónde vas mira de dónde vienes”. Mirar atrás no significa retroceder. A menudo, regresar es progresar. Y en este momento en que la crisis del diseño procede de que hay en él demasiada tecnología, poca metodología y nada de filosofía, deberíamos reflexionar sobre el origen y los principios del diseño.
Una mirada a los orígenes
El diseño nació en el Renacimiento, con el triunfo del Humanismo. Este fue su contexto histórico y cultural.
El diseño viene de la imprenta gutenberguiana y del arte gráfico. Fue el encuentro de la escritura y la tecnología que, por primera vez, necesitó proyectar la página, el libro y los mismos tipos móviles. Combinar textos e imágenes en el espacio gráfico para preparar su producción industrial. En este entorno técnico, se organizó el proceso de producción como un sistema a partir de la invención de Gutenberg, es decir, la mecanización de la escritura en la prensa de impresión. Esta invención industrial ligada a la escritura y al arte gráfico fue el primer media de comunicación. El libro como difusor de la cultura.
Si el grafismo fue la semilla del diseño gráfico, o lo que podemos llamar el “efecto Gutenberg”, por otra parte pero en la misma civilización humanista y más allá de Maguncia, hacia el Mediterráneo, concretamente en la Toscana, nacía el diseño industrial de la mano de un genio: Leonardo da Vinci, el primer artista-industrial designer de la historia.
Las aportaciones de Leonardo a la imprenta, tanto en grabados para ilustraciones como en el dibujo de caracteres tipográficos y en el estudio de las proporciones geométrico-matemáticas para la construcción de la página impresa, son bien conocidas. Pero entre la vasta producción del genio italiano sorprende el escaso conocimiento general de una pieza clave diseñada por él. Y que resulta del mayor interés práctico pero también simbólico, porque fue la conjunción del diseño gráfico y el diseño industrial.
Leonardo contribuyó al perfeccionamiento de la prensa de Gutenberg al incluir, por primera vez en un proceso manual, la idea de un automatismo. En esa prensa, la acción de la tuerca de presión se transmite al mármol en el que reposa la “forma” (molde para imprimir una cara del pliego), por medio de un cabestrante (torno colocado verticalmente que se utiliza para mover grandes pesos), de tal manera que la composición tipográfica, perfectamente accesible para su colocación y para las correcciones, viene a situarse debajo de la platina cuando la tuerca de presión desciende por gravedad, y retrocede automáticamente cuando vuelve a subir.
En esta conjunción del grafismo tipográfico gutenberguiano y de los automatismos diseñados por Leonardo, ambos precursores del “proyecto industrial”, descubrimos mucho más que el encuentro de las dos primeras disciplinas proyectuales. Lo que tenemos aquí es un acto fundador: el mismísimo nacimiento del concepto y la praxis del Diseño con mayúscula. Y en consecuencia, lo que siglos más tarde, con la Bauhaus en la Segunda Revolución industrial, serán las dos disciplinas principales: el diseño gráfico y el diseño industrial. Que a su vez serán el origen de todas las combinaciones, variantes y disciplinas sucesivas del Diseño.
Si queréis ver esta prensa de imprimir que ostenta el primer mecanismo automático, diseñado por Leonardo, tendréis que ir a Francia y visitar el Chateaux del Clos Lucé-Amboise, en el Val de Loire, donde se encuentra el primer “Parque del Conocimiento” del mundo, consagrado por entero a Leonardo.
En el Clos Lucé, Leonardo vivió los tres últimos años de su existencia. Allí pintó y trabajó hasta el 2 de mayo de 1519, fecha de su muerte en esta casa, una encantadora mansión solariega del siglo XV al lado del castillo de Amboise. Allí podréis contemplar 40 máquinas, doce de ellas en maquetas gigantes concebidas por Leonardo y realizadas a partir de sus dibujos, que se anticiparon cuatro siglos a su posible realización técnica. El subsuelo de la casa alberga una gran exposición de maquetas de las invenciones mecánicas del genio, que han sido construídas con el concurso de IBM de Francia empleando los materiales de la época.
El diseño del Futuro
La era del Humanismo en el Renacimiento fue la fusión del Arte, la Ciencia y la Técnica. Ello dio origen al Diseño.
Si hoy, como apuntaba Flusser, estamos comenzando a perder la fe en el arte y la tecnología, y también en la economía de mercado tal como lo estamos experimentando globalmente. Y si, por otra parte, los comentarios de los economistas citados más arriba, todos preconizan el retorno a los orígenes, al buen sentido, a los principios básicos, a la contra-contrarreforma, entonces, todo este cuestionamiento afecta también al paradigma del diseño.
Y si acabamos de evocar cómo, dónde y cuándo nació el Diseño, ahora ya podemos empezar a pensar adónde va.
Podemos desconfiar del arte, de la tecnología y de la economía de mercado. Pero no del Hombre. Ni de la Ciencia. El pensamiento de Protágoras está vigente en el diseño: “El ser humano es la medida de todas las cosas”. Lo que viene es un nuevo humanismo científico.
El futuro del Diseño necesita humanizarse. El Diseño puede y debe hacerlo. Él posee la capacidad dinámica de socialización por medio de los objetos y los mensajes que se relacionan con los individuos. Y la aptitud por construir y difundir conocimiento, es decir, cultura.
Si nuestra época se define con estas cuatro ideas:
era de la Comunicación
economía de la Información
cultura de Servicio
y sociedad del Conocimiento,
entonces, éstos son los cuatro puntos cardinales que han de orientarnos hacia el futuro del Diseño. Y el diseño del Futuro.
© Joan Costa